Buscan una economía verde
El inicio de 2012 marcó el comienzo de las negociaciones en torno al documento final que debe aprobar la Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible (Río+20), sucesora de la llamada Cumbre de la Tierra celebrada también en Río de Janeiro hace 20 años.
Las discusiones empezaron en la sede de Naciones Unidas en Nueva York dentro del comité preparatorio de la cita de junio próximo, y tienen por base un primer borrador denominado versión cero (draft zero).
El documento, abierto a la recepción de propuestas y enmiendas en diferentes fases de negociación, propone la adopción de una amplia gama de acciones en 15 esferas específicas.
El texto lleva por título El futuro que queremos y está divido en cinco contenidos: Preámbulo, Renovando el compromiso político y Economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza.
Los dos restantes son Marco institucional para el desarrollo sostenible y Marco para la acción y puesta en práctica.
Este último apartado incluye las prioridades correspondientes a 15 campos principales del desarrollo sostenible, como son seguridad alimentaria, agua, energía, ciudades, "trabajo verde" e inclusión social, mares y océanos y desastres naturales.
También aparecen puntos sobre cambio climático, bosques y biodiversidad, degradación de la tierra y desertificación, montañas, productos químicos y desechos, consumo sostenible y producción, educación e igualdad de géneros.
En su primer párrafo, el texto propone recoger el compromiso de los jefes de Estado de "trabajar juntos por un futuro próspero, seguro y sostenible de nuestros pueblos y planeta".
Y reafirmar la determinación de liberar a la humanidad del hambre, erradicar todas las formas de pobreza y luchar por conseguir sociedades más justas, equitativas e integradoras y un crecimiento y estabilidad económica que beneficie a todos.
De cara al logro de la llamada economía verde, el proyecto destaca la necesidad de acciones en materia de nuevas inversiones, formación de personal, desarrollo, transferencia y acceso tecnológico y capacidades de construcción en todos los países.
Para eso, sugiere un cronograma de objetivos que comienza con la fijación, entre 2012 y 2015, de indicadores y medidas para evaluar la marcha de las acciones, establecer mecanismos para la transferencia de tecnología, compartir el conocimiento (know-how) y ampliar las capacidades.
La etapa de 2015-2030 servirá para la ejecución y examen periódico de la marcha de las acciones hasta su plasmación final en 2030.
Los primeros comentarios en torno al draft zero fueron escuchados durante una reunión preparatoria realizada a principios de enero y cuyo contenido quedó resumido en una minuta colocada en el sitio web de Río+20.
Una de esas opiniones apuntó que el texto enfatiza en los aspectos medioambientales por sobre las cuestiones de justicia social, mientras que otra reclamó una orientación más dirigida a la acción que a la reafirmación de compromisos ya establecidos.
También hubo pedidos para una mayor consideración de puntos relativos a los asuntos de género, el papel de la juventud y la educación en la búsqueda del desarrollo sostenible, la ocupación extranjera y la integración.
Otros temas sobre los que se reclamó mayor atención dentro del documento versan sobre los compromisos de los países industrializados hacia los subdesarrollados y la voluntad política de los primeros en materia de desarrollo sostenible.
Algunas delegaciones estimaron necesario que los problemas de la degradación de la tierra y la desertificación sean tratados en el documento de manera separada de los asuntos del mar y la biodiversidad.
La cita de Río+20 tendrá lugar cuando se celebra el Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos.
Según la organización de las negociaciones, la primera ronda de discusiones versará sobre los dos primeros contenidos del proyecto y los otros tres








